Capítulo 66
Capítulo 66: Una vida que contar
Trisha ocultó sus verdaderos sentimientos y en su lugar mostró una cara de vergüenza.
—Gracias, Su Alteza...
—¿Crees que no tengo tanta autoridad?
—¿Cómo has podido apiadarte de mí de esa manera?
Trisha enarcó las cejas, mientras miraba a Lucas con los ojos muy abiertos. Ahora, lo que Lucas debía hacer era arreglar su cita.
—¡Les diré que preparen su cita ahora mismo!
―Sí, Su Alteza.
Por orden del Príncipe, Trisha se convirtió en su doncella inmediata. Como Lucas tenía el poder, todo fue fácil y sencillo para él. Todo transcurrió rápido y sin problemas, lo que permitió a Trisha ascender a ese lugar. Pronto, su plan se llevaría a cabo.
Trisha aprovechó el momento cuando Lucas le dio la espalda para confirmar su cita, para espolvorear un poco de polvo en el vaso de su Alteza. En cuanto el polvo entró en contacto con el líquido, desapareció sin dejar rastro ni olor.
Trisha procedió entonces a lanzar un hechizo.
***
La pesadilla aplastó el corazón de Diana, debido a que su pasado la seguía persiguiendo. Aunque estaba consciente de que solo se trataba de un sueño, Diana no podía mover ningún dedo y apenas podía despertar de su sueño.
—¿Cómo está mi emperatriz? — preguntó Lucas en su sueño.
Diana sabía gracias al libro original que la relación entre el emperador y su esposa era fría. Sin embargo, la gélida relación que experimentó cuando se casó con Lucas iba más allá de lo imaginable.
—Parece estar de buen humor después de mucho tiempo — respondió Diana.
Sin embargo, su matrimonio no podía ser clasificado como bueno o malo. Necesitaban acercarse el uno al otro para que los malos sentimientos surgieran en posibilidad, pero no podían ya que siempre caminaban en líneas paralelas, imposible de converger en un punto.
—¿Vamos a dar un paseo?
—De acuerdo.
Diana, en ese momento, era realmente ingenua. No parecía entender los sentimientos y las intenciones de una persona.
Antes de entrar en el libro, Diana no tenía amigos, ni siquiera conocidos, ni mucho menos una familia. Todo era compasión y soledad que recibía de vez en cuando.
—¡Lucas! He encontrado algo sorprendente en mi camino hacia aquí... Oh, Su Majestad.
Los ojos rojos de Trisha brillaron con arrogancia. Se había arreglado con un vestido que le sentaba perfectamente. Diana reconoció francamente que Trisha brillaba.
—No pasa nada, tú también eres amiga de la emperatriz. Olvidemos la etiqueta cuando nos encontremos a solas.
—Aun así...— Trisha dijo vacilante.
—Trisha, eres nuestra amiga, por supuesto, que la emperatriz lo entenderá.
Todos obligaban a Diana a comprender, siempre malinterpretaron la compostura de Diana a su voluntad.
—Bueno, eres mi amiga, estoy muy feliz de que los tres seamos amigos — Interrumpió Diana.
—Además, la Emperatriz es una persona prudente, mientras Trisha siempre está entusiasta, así que ambas se compensan— Dijo Lucas con una sonrisa.
Si una persona estaba herida, no se daba cuenta de que afectaba a su mente. Tal vez era porque Diana no podía expresarlo y a menudo tenía sentimientos amargos superficiales que estaban aprisionados en sus ojos silenciosos.
—Oh, claro. Lucas, lo vi aquí, ¡el perro del Palacio finalmente había dado a luz!
—¿Te refieres a ese perro con manchas?
—Sí, pero es tan sorprendente que cada uno tiene un patrón diferente, ¿verdad? ¡Vamos a verlo! — se entusiasmó Trisha.
Después de su conversación trivial, Trisha y Lucas se tomaron del brazo, dejando a Diana sola.
Estas escenas no eran raras, se repetían una y otra vez, cada vez que Diana era ignorada, un muro parecía formarse en el corazón de Diana. Pero llegó el momento en que todo era inevitable y Diana se dio cuenta de que no era más que una parte del ataúd de la emperatriz.
Diana era un poco torpe en el trato con la gente en comparación con Trisha, que siempre sonreía alegremente, así como también se mostraba jovial con la gente que la rodeaba, mientras que para Diana siempre se mostraba tranquila y cauta en todo, era una personalidad que apenas podía cambiar.
Poco a poco, el rostro de Diana se fue tornando pálido como un yeso y sus labios, que no hablaban, se secaron. Diana era solo una muñeca, una muñeca con la silla y la corona como emperatriz, pero nada más que eso.
Solo entonces Diana estuvo consciente de que no era el mismo tipo de persona que ellos. Se dio cuenta de que se habían encargado de quitarle toda la vida.
Si tan solo uno de ellos hubiera dicho palabras más amables a Diana. Si solo la gente hubiera puesto sus ojos en Diana honestamente. Si tan solo hubieran entendido la personalidad de Diana sin prejuicios. Si al menos una persona lo hubiera hecho. Si hubiera tenido al menos un partidario, Diana nunca habría perdido la vida.
Pero no había nadie, nadie lo sabía. Así que Diana murió.
Todos la mataron.
Nadie sabía que Diana tenía un buen corazón, ni mucho menos fueron capaces de verlo.
—...Hah, hah, hah.
Diana, logró salir de su pesadilla e inmediatamente se palpó el cuerpo, tenía que confirmar que ahora seguía teniendo diecisiete años. Si Diana no era capaz de reconocer que el calvario había terminado, su corazón se aplastaría y se asfixiaría.
—Está bien... está bien.
«Ya no estoy con la familia imperial. Lo que pasó antes del regreso fue una pesadilla y las pesadillas no pueden matarme. No, no les daré la oportunidad de hacerlo».
—No voy a volver allí de nuevo.
Pero no podía sentirse aliviada con la situación actual, era el momento de expresar sus verdaderas emociones, y por ello, Diana se comprometió a hablar con los ojos bien puestos. De esa manera, nunca más sería menospreciada.
—Voy a cambiar.
«Si quiero tener algo, lo tendré. Seré codiciosa. No soportaré un trato injusto a partir de ahora. Recorreré el camino que quiero, sin que nadie me obligue. Si tengo que enfrentarme al mundo para hacerlo, no me importaría ahora, me enfrentaré a todos con gusto».
—No tengo miedo.
Lo peor ya había pasado, Diana ya no podía vivir como una muñeca. Una simple pesadilla, como esa nunca podría contenerla.
—Esta es mi vida— Diana susurró para sí misma. Era el momento de contárselo al mundo.
Traducción | Lily
Corrección | Sseeok
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