Capítulo 27
Dije con una gran sonrisa.
—¡Yo también!
Entonces los ojos de Dominique se abrieron un poco.
—¿Qué?
—Yo también quiero hacer un amigo.
—… ...
—Usted y yo sólo nos llevamos tres años de diferencia, así que podemos ser amigos, ¿no?
Me miró con el ceño fruncido.
—… ... ¿Por qué?
—Me preguntaba si los corazones de aquellos que me vieron eran así.
—¿Qué?
—Transparentes.
Suspiró suavemente.
«¿No quiere que seamos amigos?»
Me puse de mal humor y bajé los hombros.
Estaba muy feliz de que alguien que me agradara quisiera ser mi amigo.
Cuando me vio, Dominic preguntó, —¿La señorita extraña a su ‘amiga’ y siente curiosidad?
—No lo sé porque no tengo una...
—… ...
—¿Tal vez no?
Él se rio al decirlo.
—Lo haré.
—¿Qué?
—Ser amigos primero.
—¿De verdad?
Estaba tan contenta al oír que somos amigos, que casi salté de alegría.
Estábamos riendo juntos cuando escuchamos pasos. Antes de darnos cuenta, Sira entró en el comedor y con los ojos muy abiertos, miró a Dominic.
Dominic volvió a poner su habitual cara de seriedad.
—Entonces me pondré en marcha.
—Sí.
Se inclinó ligeramente y me saludó. Cuando salió del comedor, Sira se apresuró a preguntar.
—¿Qué está haciendo su Alteza aquí...?
—Está aquí como general del convoy de escoltas. Estaba de patrulla.
—Oh, de patrulla, pero ¿parece que se ha quedado un tiempo?
—Es que es mi ami… ...
Mientras hablaba, cerré la boca. No es bueno que los demás vieran al Príncipe Heredero y a la más joven de los Frenchiff establecer una relación estrecha.
«No quiero que Sira se preocupe.»
—No tenía una escolta, así que esperó a que viniera alguien.
—Ya veo.
Sira dejó la bolsa de hojas de té y asintió.
—He oído que es frío como un monstruo, ¿era un rumor?
—Él es amable...
—Pero los rumores dicen...
—¿Eh?
Siro susurro, limpiando el agua del juego de té.
—¿Sabe que la señorita Lemar se enamoró de Dominic?
—¿Es así?
—Sí, como no se casó con ella, estuvo llorando y rogando que la mate.
Mire a Sira con sorpresa.
«Es realmente popular.»
Eso es lo que pensé, pero Sira asintió como si fuera cierto.
—Le tiró una espada a la princesa.
—¿Por qué?
—Para que muera, si tanto deseaba morir.
¿Es realmente tan frío?
Me quedé perpleja cuando recordé a Dominic sonriendo. No pude imaginarlo con un corazón tan frío.
*****
Desperté después de las diez, luego de haber pasado tiempo con Sira aprendiendo a servir el té.
—¿Está despierta?
—Si...
Me froté los ojos y asentí.
Sira me trajo agua para lavarme. Lave mi cara con agua perfumada con aceite de rosas. Fue entonces cuando recupere el sentido.
Me peinó y preguntó.
—Va a comer, ¿no?
—¿Y los demás?
—Supongo que la gente que está cerca tiene una comida sencilla. Nos llamarán con antelación cuando cenemos.
—Ya veo. Bueno, entonces que sea una comida sencilla.
Me vestí ligeramente y me dirigí al jardín. Estaba sentada en un banco, cuando Sira trajo un sándwich.
Mientras intentaba coger el sándwich, una señorita de cabello amarillo brillante se acercó a mí con algunas chicas.
Era Christine, la compañera de la reina Rowena.
Ella sonrió y le dijo.
—Llega tarde a la comida.
—Oh, sí, ya me he levantado.
—Oh, mi...
Se tapó la boca e hizo contacto visual con las chicas. Entonces me miró de nuevo y puso cara de preocupación.
—La señorita es, como, un poco... perezosa.
—¿No ha oído de la criada que hay un horario diferente para levantarse?
—Existe el sentido común.
Hablo con gracia, pero no pudo ocultar la enemistad en sus ojos. Ella sonrió mientras yo la miraba fijamente.
—No se ofende por mis palabras, ¿verdad?
—Señorita.
—No se preocupen chicas.
Christine dejó de hablarme y volvió a mirar a las jóvenes que venían con ella.
—No creo que la señorita Frenchiff vaya a malinterpretar las palabras de alguien que se preocupa por ella, ¿Cierto?
Mientras hablaba con sarcasmo, el grupo de señoritas replicaba: —Claro.
En otra ocasión, habría dicho algo, pero sentía un poco de pena por Christine.
Tuvo que levantarse de su asiento ayer por mi culpa.
—Si es por lo de ayer, me disculpo...
—-Eso ya pasó, está bien. Parece que el portal es genial. Las pequeñas están interesadas en él. Dicen que tampoco durará mucho.
—… ...
—No me malinterprete. Eso es lo que dice el rumor. Se dice que la señorita Xavier está tan consolidada que no habrá lugar para nadie más que ella.
Christine se rio, tapándose la boca con un abanico.
—Y la emperatriz es generosa con su apoyo.
—¿No es la joven amiga de la reina Rowena?
—Por eso le pido a la señorita que tenga más cuidado. Me refiero a que no deje que la reina malinterprete sus poderes.
Se refiere al portal. Sus palabras van cada vez más lejos.
Christine sonrió vagamente mientras fruncía el ceño.
«¿Qué debo hacer?»
Mientras pensaba, las chicas se taparon la boca con un —¡Oh, Dios! — Christine también respiró.
Lo que captó mi atención fue ...
«¡Es mi amigo!»
Dominic caminaba con el teniente que había visto en Frenchiff.
Christine se acercó rápidamente a él.
—Príncipe.
—… ...
—Está más delgado que el otro día. Debe haber pasado un mal rato en sus tareas oficiales.
Las chicas se miraron y susurraron cuando dijo que se habían visto por separado.
Christine miró a Dominic con timidez.
—Mi padre también está muy preocupado. Dijo que iría a verlo después...
—… ...
—Aunque, creo que habrá otros asuntos que deben hablar...
Ella inclinó la cabeza con vergüenza. Era un matiz como si se tratara de un matrimonio.
—Si no le importa, de un paseo con nosotros...
—¿Quién?
Dominic habló con cara de pocos amigos.
Christine volvió a preguntar: —¿Qué?
—¿Quién eres? Dime.
Entonces se oyó una carcajada desde algún lugar.
Christine se puso roja.
—Ohh, ya veo, no se acuerda porque estaba borracho y …
Antes de que sus palabras terminaran, Dominic dio un paso.
Hacia mí.
—Señorita.
Me incliné ligeramente hacia Dominique.
Él dijo, con una leve sonrisa.
—¿Durmió bien?
—Sí.
—Le habrá costado mucho, ya que estuvo probando té hasta el amanecer.
—Ah...
—Si es tan diligente, se puede enfermar.
Tal vez escuchó la conversación que tuve con Christine.
Parecía que Christine se había dado cuenta, pero sujetó la falda con fuerza hasta que sus dedos se volvieron blancos. La forma en que me miró fue feroz.
Le susurré avergonzada.
—Todo el mundo nos está mirando.
Pero sólo sonrió suavemente, diciendo: —Lo sé.
Christine, que se mordía los labios, se llevó a las chicas.
Suspiré con hosquedad. Entonces su asistente me preguntó.
—¿La han ofendido?
—¿Qué? No, el sándwich se ha estropeado.
El ayudante sorprendido, abrió los ojos y estalló en carcajadas. Yo estaba un poco avergonzada.
—Es un plato que el cocinero se ha esforzado en hacer. Es una recompensa comer algo deliciosamente...
El asistente tosió fuerte y dijo: —Estará satisfecho con su corazón— Sin embargo, no pudo borrar su risa.
—Eres increíble.
—¿Yo?
—Es normal encogerse cuando uno se siente avergonzado.
—No todo el mundo lo hace.
Las otras señoritas fueron bastante amables. Hubo varias chicas, a las cuales no conocía bien, que me dijeron que comiéramos juntas por consideración.
Además, las hojas de té que Sira había conseguido, fueron dadas por las chicas con gusto. Incluso me enseñaron a guardar las hojas de té y a disfrutar de ellas.
El asistente murmuró, diciendo que sí.
—La gente suele recordar más la frialdad que la amabilidad. Pero usted es diferente.
Fue la sabiduría de la vida que me enseñó la maestra.
«Mi maestra es increíble.»
Miré al asistente con cara de orgullo. Entonces él estalló a carcajadas.
—Albert.
Después que Dominic pronunciara su nombre, él controló las risas.
Esperaron a que me terminara el sándwich. Cuando vacíe el plato y bebí leche, Dominic llevó su mano a mi boca.
Encogí los hombros sorprendida. Luego, me frotó lentamente los labios con las yemas de los dedos.
—Se manchó.
—Oh... vaya, gracias...
Dude avergonzada, y él sonrió débilmente.
—… …
—… ...
«Qué vergüenza.»
¿De qué hablan los amigos?
Dominique notó que estaba incómoda y puso sus ojos en blanco.
Luego dijo.
—¿Cuáles son sus hobbies?
Era un tono incómodo, como cuando debes dar una lección frente a otros. Pero sonreí ampliamente porque me gustaba tener algo de lo que hablar.
—¡En estos días colecciono cuchillos!
Cuando di una respuesta fría, Albert murmuró, —¿armas?,
—Cuchillos de cocina.
Dominic asintió, —Oh...
—¿Y usted?
—Si, colecciono... venenos.
—¿Hay tantos tipos de veneno?
Sólo conocía el veneno de pez globo o el cianuro que olía a almendras.
—Se puede estar seguro de su gran variedad. Sólo el veneno ácido tiene más de una docena.
—¿Cómo guarda el veneno ácido? ¿No se derrite la botella?
—La acidez varía mucho, por lo que puedes guardar los más débiles en botellas.
—¡Increíble!
Al escuchar nuestra conversación, Albert hizo una expresión ridícula, diciendo: —¿Esta es una conversación entre un hombre y una mujer?
*****
Esa noche, bajé al Gran Salón a la hora prevista para la fiesta del té.
Cuando me senté, las chicas me sonrieron cariñosamente y me hablaron.
—¿Qué tipo de té le gusta?
—Déjeme adivinar. Peco de naranja, ¿no?
—Creo que es Darjeeling. (N/C: es un tipo de té negro)
—Pero si lo mira bien, brilla dulcemente como la fruta.
—Eso puede ser.
Una clara carcajada se extendió por la sala.
Las chicas fueron muy amables y consideradas conmigo, teniendo en cuenta que no participaba en la conversación, y me hicieron varias preguntas.
Mi corazón latía con fuerza.
«Es genial, esto en divertido.»
Me emocioné y me interesé por este lugar, aunque me era extraño hablar con las señoritas.
—Es un placer ver sonreír a las jóvenes.
Todas nos levantamos al oír una voz que venía de atrás.
La emperatriz y la reina nos sonreían. Cuando dimos una reverencia, ambas se sentaron.
La Reina Rowena se sentó a mi lado y sonrió alegremente.
—¿Qué clase de té está tomando señorita?
—Es té de Ceilán...
—Oh, tenemos gustos similares. A mí también me gusta el té de Ceilán.
Sonrió y señaló a su sirviente. La sirvienta sirvió el té en su taza y me tendió un plato de bollos de chocolate.
—¿Te gustan los bollos?
La Reina me atendió, pero me sentía incómoda.
La razón por la que la Reina me trataba gentilmente no era agradable. Sus ojos eran similares a los de un prestamista privado que estaba preocupado por cómo utilizarla.
Por encima de todo, la expresión de la Emperatriz al mirarnos era fría, así que seguí preocupándome por ella.
«Voy a fingir...»
La Reina Rowena me miró mientras recogía la jarra de leche.
—Pero ¿cómo ha llegado la señorita al palacio? No creo que sea en un carruaje.
—¿Qué?
—Porque tienes el portal.
Los ojos de la gente se posaron en mí. La reina Rowena sonrió.
—¿Hasta dónde puede abrirlo?
—… ...
—¿Cuántas personas puede mover? He oído que la princesa Xavier mueve medio centenar de hombres a la vez, ¿y usted?
No pude superar una pregunta tan directa. Lo pensé durante un rato y dije en voz baja.
—Bueno, no lo sé porque nunca me he comparado con ella. Tampoco me interesa a futuro.
Fue una declaración de que no intervendría en las luchas políticas.
La expresión de la reina Rowena se enfrió. Agitó la jarra de leche transparente y murmuró en voz baja: —Ya veo.
*****
La Emperatriz Grania miró a Seniana, que respondía a cualquier pregunta de forma distante.
«No sé lo que piensa dentro.»
Lo único que le gusta menos que Seniana Frenchiff en este momento, es Rowena.
«Es una mujer que la puede destrozar.»
Sólo hoy, hubo varias guerras de nervios, debido a la controversia y las disputas.
Además, al parecer, estaba encariñada con su nueva santa, Seniana Frenchiff. Rowena vertió leche caliente en el té y le hizo una ligera broma.
Seniana parecía incómoda, pero no había ningún indicio.
La Santa de la Casa Xavier será la propia nuera de la Emperatriz, así que sería beneficioso para Rowena mantenerse cerca de ella.
«No quiero pensarlo.»
Después de tomar un sorbo de té, la Emperatriz estaba a punto de levantarse
—¡Dios mío!
Rowena se tapó la boca y empezó a toser como si estuviera ahogada.
—Reina, reina... ¡Argh!
Gritó Christine, su compañera. La sangre fluía bajo la mano de Rowena.
—¡Ughh!
—¡Guardia! ¡Guardia!
—¡Su Majestad, por aquí!
La doncella, sorprendida, rodeó a la Emperatriz.
Incluso la Emperatriz miró a Rowena, que se había derrumbado, y en un instante, todo quedó sumido en caos.
Inmediatamente, a través de la mesa de correspondencia, el incidente ocurrido hoy llegó a oídos del Emperador.
El Emperador, enfadado, envió inspectores, y los investigadores que llegaron a través del portal de Xavier pusieron el Palacio de Este patas arriba.
Poco después, se descubrió el veneno en poder de la Emperatriz.
*****
El Inquisidor interrogó a la doncella de la Emperatriz.
—¿No es esto una emergencia?
Entonces la dama de honor de la Emperatriz gritó.
—Iba a diluirlo y usarlo como repelente para matar insectos. Todos sabemos que Su Majestad es extremadamente reacia a los gusanos.
—Pero definitivamente es venenoso.
—¡Qué! ¿Sospecha de la Emperatriz?
No hubo lío como este.
Sin embargo, la Emperatriz era la única que tenía veneno incluso cuando el palacio oriental estaba patas arriba.
La Emperatriz estaba rodeada de caballeros y perdía el tiempo. Grania se mordía las uñas, su expresión estaba llena de nerviosismo y ansiedad.
Incluso sus amigos, sirvientes y otras reinas no se atrevían a acercarse a ella por miedo a quedar implicados con ella.
Excepto yo, que me acerque sigilosamente a ella.
—Bueno, Su Majestad...
La Emperatriz me miró con frialdad.
Me acerqué y le susurré al oído.
Los ojos de la Emperatriz se agrandaron al oírme. Me agarró por el hombro y miró a su alrededor.
—¿Es cierto?
La cara de la emperatriz se iluminó cuando asentí.
Créditos:
Trad: Pahola
Editor: Agos

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