Capítulo 19

 



La agonía


Diana estaba ansiosa por sus asuntos futuros, y se habían empeorado gracias al paradero desconocido de Trisha

«No va a ser así.»

Diana se consoló a sí misma.

Lucas no se preocupaba por los sentimientos de Diana, la trataba como a cualquier adorno ordinario del palacio. Pero Trisha Blanc era una excepción, y era obvio porque eventualmente recibiría un tratamiento especial de Lucas.

Al recordar esto, Diana soltó una fría risa de la vida real.

Fue inesperado.

Sólo Trisha, la hija del pobre barón, podía hacer reír a Lucas, y seguir con todo ese temperamento quisquilloso.

Diana intentó una vez recuperar su parte de atención que había perdido con Trisha. Pero eso era lo que sólo Trisha Blanc podía hacer, siempre ganó la competencia ya que siempre se ganó la atención de Lucas. Siempre fue Trisha, no Diana. Y todo el mundo pensaba que no era nada, que todo estaba bien para Diana, que sólo mostraba su lado firme y sensato cuando estaba fuera de su domicilio.

«¿Realmente pensaron que estaba bien?» Ella pensó amargamente.

Ella era una mujer, no era una planta. También era una persona cuyo corazón podía resultar herido, que siempre anhelaba afecto y atención. Con su orgullo y naturaleza gentil, incapaz de hablar de su dolor, la mataron aún más.

Lucas se reía de las bromas superficiales de Trisha. Cuando levantaba la voz y se enfadaba como un fuego, Trisha susurraba unas palabras y eso lo ablandaba ya.

A veces, siendo adultos Lucas y Trisha, se paseaban por el jardín para jugar al escondite. En momentos así, ambos parecían ser como niños. Se tocaban naturalmente bajo el disfraz de la amistad. Por eso, no fue sorprendente que la relación, no mucho tiempo después, se convirtiera en un asunto sucio.

«Mi asiento como Emperatriz no significaba nada...»

Mientras tanto, Diana sólo era un adorno para la corona de la Emperatriz y ese sentimiento agonizante de ser sólo un adorno empeoró cuando la familia imperial comenzó a ignorar a la oscura emperatriz.

La peor de ellas fue Sylvia, la Duquesa. Silvia era implacable en su boca, obligando a Diana a encontrar su lugar de Emperatriz en el palacio. No era la única que desenterraba las heridas que Diana se esforzaba por ocultar.

Todos hablaban con sus ojos. La existencia de Diana no significaba nada. La emperatriz era sólo una herramienta para producir un sucesor. Pero en esos momentos, cuando que tuvo un aborto antes de darse cuenta de que estaba embarazada, sus miradas hacia Diana eran obvias.

Si tan sólo Trisha pudiera convertirse en la Princesa Heredera.

Era imposible para Trisha estar en su posición. Sin embargo, todavía se sentía como si estuviera cortando una esquina de su pecho con un cuchillo cuando dejaba que un recuerdo de esas memorias dolorosas visitara su mente. Sin embargo, seguía siendo optimista y siempre quiso poner sus esperanzas en algo.

Había dos personas que la amaban tanto que se preguntaban por qué Diana tenía que estar en medio.

—Lisha es increíble. Puede leer mi mente.

Cuando Lucas sacó eso en la cena, Trisha sonrió más que nadie.

Luego añadía diciendo: —A veces siento que tengo un gemelo. Siempre pensamos en lo mismo sin decirlo ni una sola vez. ¿No es así, Lisha? — Lisha era su nombre favorito para Trisha.

En la cena oficial, el asiento lateral del emperador, Lucas, pertenecía a Diana, pero lo más doloroso fue cuando Lucas sonrió a Trisha, que siempre se sentaba frente a él, con Diana a su lado. En momentos así, todos se reían más exageradamente para complacer a los dos y olvidar su existencia.



Créditos:

Trad: Lily

Editor: Lalisa


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