Capítulo 22
El mayordomo y el resto del personal de la casa de Gillian parecían sospechar de que ella saliera, pero no la detuvieron.
Como Gillian estaba obligada a asistir al banquete celebrado por el rey, era natural preparar un vestido.
Ebony pudo llevar a Gillian al hotel sin ningún inconveniente.
El hotel proporcionado por Dante era un lujoso edificio utilizado por nobles locales, enviados diplomáticos o comerciantes adinerados que querían pasar largas estancias en Ransen. Con el fin de proteger la identidad de los clientes, se dice que no solo tienen soldados competentes desplegados, sino que también atesoraban su privacidad.
—Las están esperando.
De repente Jackson apareció y le guiñó un ojo a Ebony, «¿de donde salió Jackson o es que quizás Dante llegó primero?»
Ebony siguió los pasos de Jackson, sujetando su lengua con cada centímetro que avanzaba.
—Él... ya me imagino que me está esperando, seguramente.
—Shhh, vamos a entrar y hablar, Gillian
Antes de que Ebony pudiera ponerse nerviosa, Gillian empezó a temblar como una rama en el invierno. Prometió hacer cualquier cosa que Dante le dijera, por lo tanto, le daba miedo enfrentarlo.
Podía entenderla. Ebony a veces se preguntaba si Dante era el único cuyo corazón latía y sangraba al igual que ella.
Tenía el mismo consuelo que cualquiera.
—Maestro, he traído a las damas.
Jackson abrió la puerta, primero entró Ebony seguida por Gillian. Jackson fue el último en entrar a la habitación después de verificar la entrada.
Después de registrar todo, la puerta se cerró y Jackson desapareció.
—Bienvenidas.
—¿Su Excelencia?
—He preparado el vestido negro, así que no tienes que comprarlo por separado. El banquete será dentro de diez días y el lugar será el jardín occidental del castillo del rey.
El hombre, que había hablado con voz monótona, levantó el dedo y señaló una pared del hotel. Había un vestido listo para que Gillian lo usara en el banquete, era un vestido negro con un velo gris oscuro.
—...Gra-gracias.
—El rumor aumentará bastante, pero no durará mucho. No voy a dejar que este sucio juego continúe durante meses.
—Sí, señor.
—Para heredar la mansión, necesitamos el testamento del difunto y un administrador legítimo. Como no tiene experiencia en la gestión de la mansión, el estado intentará nombrar a uno pero deberá negarse. En su lugar, solicite al Ministerio de Financiamiento aristocrático y vaya por la herencia. Solicite el proceso de capacitación, cuando pregunten por un tutor, diga mi nombre.
—Seré muy claro.
—Nunca veas a tu familia, incluso si vienen junto a ti. Tendrás que ser firme a menos que quieras perder tu última oportunidad.
—Bien... así será, su excelencia.
Dante levantó a Gillian y le dio algunos detalles. Ebony puso los ojos en blanco con la máscara puesta y la miró.
¿Se suponía que debía ser tan duro al hablar?
Ahora se dio cuenta de que el rostro de Dante era inexpresivo. No frunció la boca ni bajó las cejas como era costumbre.
Lo que se reveló en su rostro era un aburrimiento sofocante.
Era como un verdadero personaje de la familia real.
—El hombre que te trató de secuestrar, te confinó y trató de huir, fue apresado por Raven. Marcus Seddle fue quien lo contrató, así que seguramente tratará de buscar detrás de Raven.
No debes permitir que nadie acceda excepto Raven y yo.
—Sí… ¿si? —Gillian, que respondía obedientemente, se volvió hacia Ebony sorprendida.
Ahora que lo meditaba, recordó que no le había hablado sobre Gert Trail. Ebony sonrió con torpeza tras la máscara.
—¿Dijiste que alguien intentó secuestrarme? ¿Es cierto Raven? —Gillian, que apenas creía que todo era real, volvió a sacudir sus hombros.
Era una mujer muy tímida que tenía como marido a un valiente general, así que Ebony decidió darle noticias sobre Gert para tranquilizar a Gillian.
—No te preocupes, ya no puede lastimarte.
—¿Qué? ¿Enserio?
—Sí, yo… lo secuestré y lo encerré. —Los ojos de Gillian, que estaban entrecerrados, se agrandaron por el dolor. Olvidando que Lord Schneider estaba frente a ella, levantó el dedo hacia Ebony y abrió la boca.
—¡Raven!
—Así que no tienes que estar tan asustada.
—Él, ¿quién es él? ¿Lo conozco?
—Sí. Gert Trail dijo que fue discípulo del general Meister.
—… Gert? —Gillian lo recordó rápidamente. También recordó lo que sentía el general muerto por él y cuánto lo había cuidado.
Ebony juzgó que Gillian necesitaba saber la verdad.
La simpatía engendra tragedia y estaba a punto de dejarle a ella que se ocupara de Gert, por lo que era mejor decir toda la verdad tal como era.
—Se acercaría a ti con una historia sobre el difunto general, luego pensó en violarte y encerrarte. Dijo que te llevaría con él una vez que obtuviera el dinero. Además de que necesitarías a un hombre de todos modos.
—De ninguna manera, de ninguna manera —Gillian murmuró muchas veces. Eventualmente no pudo superar el shock psicológico y sus rodillas cedieron, cayendo en el piso del hotel.
Luego, se cubrió la boca con ambas manos y lloró.
Un discípulo a quien su marido muerto amaba como a un niño. Su esposo le enseñó a Gert después de que quedó lisiado en la guerra.
Tuvo que pagar muchos gastos de subsistencia como si fuera su trabajo. Perdió su brazo y de alguna manera pudo recuperarlo, pero ¿Cómo pudo hacerle eso?
Un sollozo salió de su boca.
—¿Cómo? ¿Cómo puede un ser humano...?
—Este es el mundo que tendrás que soportar en el futuro. Raven y yo te ayudaremos esta vez, pero no sabemos cuándo sucederá algo más. Olvida el pasado y cómo vivías en paz a la sombra de tu esposo. No eres diferente de la presa que cayó desnuda en la áspera jungla.
El frío consejo de Dante cayó sobre la cabeza llorosa de Gillian. Ebony pensó que tenía razón cien veces. Así que la dejó desahogarse.
No importaba si lo maldecía por parecer frío, pero a los oídos de Ebony sonó como si le estuviera dando un consejo, una presa que cayó desnuda en la áspera jungla, Ebony no era diferente a ella.
Entonces la mente de Gillian lo comprendió. Lo que necesitaba ahora no era una palabra de cálido consuelo, sino la determinación de sobrevivir a lo que ocurriera.
Gillian no colapsaría.
El sollozo se fue apagando poco a poco.
Gillian, que se tragó las lágrimas con dificultad, levantó la cabeza. Tenía el rostro magullado, con una expresión desgarrada, con una voz ronca y distorsionada hablo a Ebony.
—… ¿Está vivo todavía?
—Lo está.
—¿Qué pasa si lo entrego a juicio?
—Saldrá de la cárcel. Incluso si tiene un plan, todavía no ha hecho nada.
Gillian, que se tragó el llanto y suspiró con dificultad una vez más, apretó las manos con fuerza. Agarró su falda y se levantó, y esta vez le preguntó a Dante.
—Su Excelencia, ¿Hay algo que quiera de mí?
—… Por supuesto, no soy un filántropo.
—Te daré cualquier cosa. Cualquier cosa que pueda darte, sea lo que sea.
—Será mejor que no hagas tales promesas imprudentemente.
—No, lo juró, en cambio por favor, deshazte de él. Por favor, haz que desaparezca por completo frente a mis ojos.
La venganza de Gillian no fue más que una venganza emocional inútil. Una venganza sin sentido para nadie, pero Dante y Ebony no la culparon ni ignoraron sus demandas.
Porque pensaron que la rabia era adecuada.
—Gillian Meister.
—Sí, señor.
—¿Entonces serías una asesina?
Dante, recostado en el respaldo de la silla, levantó la parte superior de su cuerpo. Tomó una ciruela excepcionalmente roja de entre las frutas de la canasta que estaba sobre la mesa y le dio un mordisco.
—¿Puedes manejarlo?
El susurro de Dante fue bajo y tentador. Ebony sintió una curiosa sensación, como un escalofrío subir y bajar por su espalda cada vez que hablaba de esa forma. Era un día cálido, pero llegó una onda fría y espeluznante.
Eso parecía ser lo mismo para Gillian. Ella respondió, encogiéndose de hombros ante el repentino escalofrío.
Se agachó de repente y respondió con dificultad.
—Si todo hubiera funcionado según sus planes… sería profanada, arruinada y expulsada de mi familia. Después de eso, seguramente llevaría una vida no diferente a la de las prostitutas callejeras y los mendigos, y viviría una vida peor que sucumbir a la violencia.
—¿Entonces...?
—En lugar de vivir así…
Gillian se mordió los labios azules. Se puso de pie lastimosamente, sus manos envolviendo sus hombros temblorosos.
En ese momento, Ebony parada al lado de Gillian, abrió la boca en su nombre.
—Prefiero ser una asesina que vivir así. —Era una voz tranquila y firme.
Gillian asintió en silencio.
—Sí, eso es mejor —Las frías yemas de los dedos se tocaron. Gillian agarró la mano de Ebony sin que ella lo esperara, la sujetó como si fuera un salvavidas. Fueron unas manos ásperas y frías, como la propia Ebony.
—Bien. —Declaró Dante.
—Lo haré desaparecer por completo. En este país, haré de él un hombre que nunca existió ante tus ojos.
—Gracias, gracias Su Excelencia.
—Entonces es mi turno de decir lo que quiero.
Este fue un trato legítimo. Dante ya había dejado claro que era un hombre de negocios.
Gillian lo miró con expresión nerviosa. Si quería la mansión se la daría. Realmente estaba pensando en dársela, incluso si pedía todo el ingreso de la mansión, igual se lo daría.
Pero el precio que salió de la boca de Dante fue algo en lo que Gillian nunca pensó.
—Entrega la academia dentro de la mansión a Raven.
—¿Cómo?
—Puedes tener todas las demás cosas. Si es difícil de operar, puedo presentarte a un gerente competente. Pero me gustaría que me entregaras la academia. Sería suficiente para el puesto de presidente, ¿verdad?
Él pidió la academia.
Gillian miró a Dante y Ebony con cara de confusión.
Sabía cómo era la academia, el lugar al que el difunto general Meister dedicó la mayor parte de su afecto durante su vida. Era una Academia de Caballeros, a la que dedicó su vida para cultivar excelentes caballeros en un Karcass propenso a la guerra.
—Sin embargo, su excelencia… en ese lugar sólo puede entrar…
—Lo sé. ¿No es un centro de entrenamiento para caballeros?
—¿Se lo va a pasar a Raven?
—Bueno...
—Pero Raven es mujer.
—Será divertido para todos nosotros.
Una sonrisa aguda se instaló en su rostro inexpresivo.
Gillian se dio cuenta de que el archiduque Schneider era mucho más rencoroso de lo que se había imaginado.
Y la razón por la que entró al juego de esas peleas llamadas juegos Meister.
Todo fue para entregarle a Raven esa academia.
«¿Quién diablos era esa mujer, cuya identidad estaba escondida detrás de esa máscara?»
Gillian no pudo sacar la pregunta de su boca, porque la mano de Raven estaba más fría que la de ella, y de hecho fue Ebony quien se sorprendió más por las palabras de Dante.
Créditos
Trad: Roxy
Editor: Lalisa
Raw Hunter: Oddy
Joint: Hourglass novels

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